viernes, 8 de mayo de 2009

LOS NIÑOS Y LA MUERTE

Los niños, tan inocentes y ajenos a temas trascendentales como la muerte; no se paran a pensar a la hora de responder sobre asuntos tan tenebrosos, y sueltan lo primero que se les viene a la mente. Los adultos estamos más atados por moral, miedo u otro tema tabú, y nos sentimos más cohibid@s a la hora de hablar de esos temas; ya sea por la inseguridad de no saber qué habrá después o simplemente por el miedo a morirse. Las siguientes respuestas pertenecen a niños que opinaron sobre la muerte, y que fueron recogidas por el gran Pablo Motos en su programa de "El Hormiguero".

Manuel (5 años) iba en el coche con sus padres y pasó un coche fúnebre lleno de flores, y dijo: "Mira mamá, un coche lleno de flores, seguro que dentro va la novia".

Los padres de Pau (5 años) están separados, y un día estaba viendo en la tele una película donde un cura estaba casando a una pareja y decía la frase: "Hasta que la muerte os separe", a lo que Pau le dijo a su madre: "Mamá, ¡papá y tú estáis muertos!".

En casa de Laia (7 años) había puré de patatas y su madre se estaba haciendo una ensalada porque estaba a dieta, así que Laia le preguntó: "Mamá, la patata ¿mata o engorda?". "Engorda", le respondió su madre. Entonces Laia comentó: "Claro, lo que no mata engorda y lo que no engorda deprime".

Una noche Max (5 años) le preguntó a su padre: "Papá, ¿por qué no hacen Los Simpson por la noche?... Ah, ya lo sé, es que hacen el telediario, que es más importante porque salen muertos".

La madre de María (5 años) estaba un día intentando explicarle las etapas de la vida y María le dijo: "Sí ya lo sé mamá, las etapas de la vida son: bebé, niño, adulto, viejo y tumba".

Un día estaba Unai (9 años) tumbado pensando y les dijo a sus padres: "Cuando uno se muere tiene que tener cuidado de morirse en una buena postura... que es para toda la vida".

Cuando los padres de Iker (4 años) se iban al entierro de su bisabuelo, el niño preguntó: "¿Adónde vais?". "Al entierro de la abuela del papá", contestó su madre. E Iker dijo muy serio: "Y no os lleváis la pala".

Cuando murió la abuela de Esther (4 años), su madre le dijo: "Esther, la abuela se ha ido al cielo". Y entonces Esther preguntó: "¿La abuelita vuela?".

Un día Celia (8 años) le preguntó a su madre: "Mamá, ¿tú quieres que te entierren?". Y su madre le dijo: "No, yo prefiero que me incineren. ¿Y tú?". Celia le contestó: "Yo prefiero que me entierren, por si luego se resucita". Y su madre le respondió: "Pero Celia, ¿tú conoces a alguien que haya resucitado?". Y Celia le dijo: "No sé, yo no veo las noticias".

Alvaro (5 años) fue con su madre a visitar el monasterio de El Escorial, y ésta le dijo: "Mira, ahora vamos a visitar un sitio donde están enterrados todos los reyes de España". Y Álvaro preguntó sorprendido: "¿Sí mamá, y con todos sus camellos?".

Cuando murió su abuelo, Agustín vio a su abuela llorando y para consolarla le dijo: "No llores abuelita, piensa que si no murieran los viejos, viviríamos todos apretujaos...".

Un día Marta (5 años) le preguntó a su abuela: "Abuela y tú, ¿Cuándo te vas a morir?". "Pues hija, no lo sé, ¿cómo me preguntas eso?", le respondió su abuela. Y Marta le contestó: "No, por nada, porque quería que vinieras a mi boda".

Coro (6 años) estaba un día jugando con su hermana mayor Mar, y a ésta se le cayó un crucifijo y se le rompió. Mar se preocupó mucho y Coro, para consolarla, le dijo: "Mar, no te preocupes, si ya estaba muerto".

Un día Antonio (6 años), con la mano en el corazón y cara de preocupación, le dijo a sus padres: "Mami, papi, creo que me estoy muriendo, no me parpadea el corazón".

Roberto (6 años) había ido con sus padres a las carreras de motos de Jerez. Era un día de lluvia terrible, acababan de terminar las carreras y había unas retenciones tremendas para salir, más de dos horas sin moverse un centímetro el coche, el claxón de los vehículos sonando por todos los lados, los helicópteros de la policía dando vueltas, un caos... Entonces Roberto miró con cara triste a su madre y le preguntó: "Mamá, ¿moriremos?".

Miren (5 años) les dijo un día a sus padres que a un niño de su clase se le había muerto su abuelo. Luego preguntó adónde iría el abuelo del niño ahora que se había muerto. "Pues al cielo", le dijeron sus padres. Entonces ella contestó riendo: "Sí hombre, al cielo, ¡con caja y todo!".

Un día en el pueblo Esther (3 años) iba con su madre paseando hacia el cementerio y le preguntó: "Mamá, ¿por qué vamos al cementerio?". "Para visitar a nuestros seres queridos que han muerto", le contestó su madre. Y Esther le dijo: "Pero mamá, si están muertos, ¿para que los guardáis?".


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