sábado, 15 de enero de 2011

NUEVE MUERTES ABSURDAS DE ORIGEN ANIMAL

Ya hemos vistos en posts anteriores como hay muertes absurdas de las que no se libran incluso personajes famosos. Desde luego, para irse de este mundo siendo lo último que hacemos, sería muy triste que nos recordaran por lo forma en que lo hicimos. Sobre todo si es de una manera tan estúpida como la de nuestros siguientes protagonistas que, por cierto, tienen en común que su muerte fue provocada por algún animal.

Para empezar con estas muertes absurdas, vamos a hacerlo con una que fue tema de conversación durante semanas por su impactante efecto dominó. Sucedió hace veintidós años en Buenos Aires, en 1988.
Una familia de apellido Montoya, que vivía en un piso trece del barrio de Caballito, se había ido de vacaciones dejando en el departamento a su pequeño perrito. Un amable vecino se encargaba de darle de comer todos los días. Sin embargo, el perro tuvo la mala idea de salir al balcón, donde perdió el equilibrio y cayó. Una mujer de 75 años, recibió el impacto perruno y murió en el acto, concentrando un grupo de gente que, como sucede en esos casos, corre hacia el lugar, entre gritos y pedidos de auxilio.
Una de esas personas fue Edith Solá de 46 años, quien cruzó la avenida sin cuidado y fue atropellada por un colectivo. La mujer murió instantáneamente, pero como no hay dos sin tres (sin contar al perro, claro) un anciano, al ver el horrible espectáculo, sufrió un ataque cardíaco falleciendo camino al hospital.
Uno de los testigos entrevistados remató el hecho con una frase memorable: "parecía un atentado, había cadáveres por todos lados!".

Un jinete llamado Frank Hayes sufrió un ataque al corazón mientras participaba en una carrera. Lo mejor es que el caballo “Dulce Beso” ganó la carrera. Así convirtió a Frank en el único jinete muerto que gana una carrera (1953).

Federico I Barbarroja, tras cabalgar por el desierto en Tierra Santa embutido en su pesada armadura, el emperador se sintió tan excitado cuando llegó al río Saleph, que se lanzó a sus aguas para apagar la sed. Desafortunadamente, olvidó quitarse la armadura y se hundió como un yunque. Otra versión dice que fue su caballo quien lo lanzó al agua mientras atravesaba el río.

A nuestro siguiente protagonista lo mató su exceso de amor por los animales. Concretamente fue Kenneth Pinyan de Seattle, quien murió de peritonitis aguda después de intentar un coito anal con un semental en la ciudad de Enumclaw, Washington. Pinyan había hecho esto antes, y retrasó su visita al hospital por varias horas, dado a la repugnancia luego del conocimiento oficial, el caso condujo a la prohibición del sexo con animales en Washington.

Aunque no fue un caballo, como a nuestros tres anteriores finados, pero pertenece también a la familia de los equinos. Se trata de Crisipo, este filósofo griego fue una de las principales figuras de los estoicos y además, según nos cuenta la historia, era un fiestero de narices. Y eso fue lo que a la postre acabó con su vida, pero no por cirrosis, sino por culpa de un burro y unos higos. Dice la leyenda que en una fiesta, Crisipo y sus amigos emborracharon a un asno, que después trató de comerse unos higos. Por lo visto, esto debe de ser lo más divertido del mundo entero porque nuestro amigo Crisipo empezó a reírse de tal manera que cayó fulminado al suelo y murió al instante.

Un alemán, harto de los topos de su jardín, si invento una gran idea para eliminarlos. Conecto dos electrodos al suelo y los unió a una fuente de alta tensión. Al final los topos y el acabaron bajo tierra, aunque los topos algo mejor.

A Esquilo el oráculo le vaticinó que moriría aplastado por una casa, por lo que decidió residir fuera de la ciudad. Curiosa, y trágicamente, falleció al ser golpeado por el caparazón de una tortuga, que fue soltado por un quebrantahuesos desde el aire. También es mala suerte.

Sir Francis Bacon, durante una fuerte nevada, decidió comprobar si era cierto eso de que el frío retrasaba la descomposición de los cadáveres. Mató un pollo y salió a enterrarlo al campo, contrayendo una grave pulmonía que acabaría con su vida días después.

Un hombre ucraniano no identificado de 45 años del origen Azerbaijani se bajó por una cuerda en un recinto de leones en un parque zoológico de Kiev y gritó a los visitantes horrorizados del parque zoológico, "si Dios existe me salvará!" en ese instante una leona saltó sobre él y clavó los dientes en su cuello más adelante separó su arteria carótida, matándolo inmediatamente.


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