viernes, 15 de abril de 2011

DELINCUENTES MUY TORPES

Hay delincuentes muy torpes que tendrían que dedicarse a otra cosa más honrada. Porque para hacer cosas como las que os voy a contar a continuación, mejor estarse quietos. Se trata de situaciones reales, hechos que han ocurrido en Europa, concretamente en Hungría, Polonia y Holanda. Y es que más que condenarles a una pena de cárcel, más bien dan pena.


En mayo de 2010, un ladrón entró en un coche y mientras miraba en los compartimentos buscando un botín, activó accidentalmente el sistema de cierre central. Se había quedado encerrado, y cuando volvieron los dueños, encontraron a la policía vigilando a su prisionero, alguien bien conocido por las autoridades.

También en Hungría, una mujer intentó robar en una tienda con un spray de gas como arma intimidatoria. Por suerte, la dependienta se dio cuenta de que el bote en cuestión era desodorante.

Otro hecho extraño ocurrido en Hungría fue el robo de un tejado. Así es; pero por raro que parezca, es lo que pretendían hacer dos hombres. Cuando terminaron de desmantelar la estructura, uno de ellos se bajó y se llevó la escalera a su casa. El otro, abandonado en el tejado, tuvo que llamar a los bomberos para pedir ayuda, y estos llamaron a la policía.

En otro país del este de Europa, Polonia, cuatro jóvenes planeaban robar una joyería en unas galerías de Lublín. Pero cuando los ladrones entraron, se dieron cuenta de que el local había dejado de ser una joyería para convertirse en el lugar de reunión de los scouts, a pesar de que el cartel de la joyería colgaba todavía en el exterior. En vez de marcharse con las manos vacías, decidieron robar el material informático que encontraron. Mientras sacaban el último artículo por la ventana, llegó un policía que había oído ruido y se acercó al lugar.

No nos vamos de Polonia. Un criminal de diecinueve años aprendió la lección de la forma más dura cuando, equipado con una pistola de plástico, pidió la recaudación del día en una gasolinera en Rzeszow. Uno de los empleados se dio cuenta de que el cañón de la pistola estaba montado al revés (no había abertura para las balas). El joven borracho fue doblegado fácilmente y se enfrenta a una condena de doce años de prisión.

Y seguimos en Polonia, donde dos vecinos de Zabrze se enzarzaron en tal discusión que uno de ellos llamó a la policía. Cuando los dos se hubieron calmado se les tomaron los datos y ¡bingo!, resultó que los dos estaban buscados por la policía, un pequeño detalle que habían olvidado durante la pelea.

Y finalicemos con Holanda que, pese a ser un país pequeño, tiene un buen número de delincuentes idiotas. Vamos, que la densidad de los delincuentes idiotas es bastante alta. Todos recordaréis que en las películas de policías y ladrones los ladrones siempre echaban una ojeada al lugar antes de hacer su trabajo. Pues bien, un ladrón olvidó esa regla y entró en un bar deportivo. Pero resultó ser que el bar pertenecía a la Asociación Deportiva de la Policía, que tenía un sistema de alarma conectado al sistema de comunicación central de La Haya. Los policías llegaron en un par de minutos y el ladrón fue pillado en plena actuación.

Y no nos vamos de Holanda, donde un joven pidió prestados unos pantys negros a su madre para utilizarlos como disfraz. Atracó una gasolinera y fue reconocido por la chica de detrás del mostrador, a la que solía llamar para quedar. Por si no fuera suficiente, cogió el efectivo y se dirigió a una discoteca local donde decidió beber champán caro mientras presumía de sus hazañas. No hizo falta mucho intelecto policial para encontrarlo y arrestarlo.

Los dedos de los carteristas pueden ser hábiles, pero en ocasiones también se queman.
En Holanda, un carterista robó a un hombre mayor en un supermercado, alguien lo vio y agarró al ladrón quien, al darse cuenta de que le habían pillado, devolvió rápidamente la cartera, se soltó y escapó. Sin embargo, su alivio no duró mucho. El ladrón había devuelto su propia cartera, con todos sus documentos de identidad.

Continuamos en Holanda, Un joven de veinticinco años rompió una máquina tragaperras de un café para llevarse el botín. Salió corriendo con el dinero, se metió en un coche que iba despacio y dijo al conductor “que se diera prisa”. Parece ser que el ladrón se había subido a un coche que era igual al coche de su colega, pero que no lo era. Todavía peor, el coche pertenecía de hecho a un detective de policía que lo detuvo allí mismo.

Pasemos a otro holandés torpe. En medio de la noche, un ladrón entró en una guardería para robar un portátil, una video cámara y una tetera eléctrica. Pero eso no es todo, cuando salía, divisó lo que parecía un extra: un juego de llaves de coche. Una vez fuera, pulsó el botón para localizar el coche. Todavía estaba presionando el botón cuando llegó un coche de policía. Las llaves resultaron ser un dispositivo de alarma.


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